El Nido del Cuervo I
El Nido del Cuervo I
Me persigue un deseo desde hace ya unos meses; he observado la desdichada alma que llevas oculta
entre las pieles que tejen tu carne, y ese triste, por no decir lamentable, juego culposo que llevas entre las piernas. Sé que te has dado cuenta porque te escondes de mí presencia, pero deberías saber, que a veces tardo en llegar, pero no dudes que de que llego: llego.
Sé que tus vísceras lloran en desesperación porque no eres dueño de tus propias decisiones; sigues comportándote como animal, ante el instinto y necesidad de tu cuerpo. ¡Que triste! Tus ojos huelen a pena y derrota que en su momento, se encargarán de rejuvenecer hasta la última parte de mi plumaje oscuro. Pobre hombre, tan agradable por fuera y tan putrefacto por dentro, siempre destruyendo a los que te amaron, siempre causándoles daño...
Hoy voy a aplicarte la mas dura de mis penas. Primero me presentaré a tí con un encanto del cuál no podrás resistir, te haré creer que yo soy la presa y tu el predador: cuando hayas mordido el anzuelo pasaré al segundo paso, el jugoso momento de aprovecharme de tu inocencia, jugar un poco con tu sanidad, luego recordarte que hasta un agujero negro tiene órganos de luz, vida y energía en lo que se ha tragado. El tercer paso, será ir arrancando cada hilo de tu piel y músculos que están tejidos; mientras derramas las mismas lágrimas que tu anduviste provocando, haré que te las tragues para que te salgan más y más: ¡COMO UNA FUENTE!
El cuarto paso, siempre sera mi favorito: el Postre. Como toda criatura de mi naturaleza estoy al acecho de lo más hediondo, carnoso y putrefacto, porque estas desdichas humanas, para mi, me resultan las virtudes más sabrosas y esplendorosas por devorar: Manchan la mirada con un suplico más grande que el mismo Jesús sangró en su cruz.

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