Agradecer I
Agradecer.
El año que se está terminándose de ir, ha sido uno de los más extraños que he vivido en mi corta existencia (casi cerca del cuarto de siglo).
Mi diario tiene en los registros de los primeros días del año a un Omar lleno de rabia, de odio hacía la humanidad por no poder obtener todo lo que egoístamente deseaba. Me encapriché tremendamente con la idea de que el "destino", "dios", "el universo" o "la vida" me dieran lo que yo quería para ser feliz. A pesar de que quería salirme con la mía, en ese momento me era imposible no verme a mi mismo como un niño haciendo rabieta por un juguete, sabiendo que no era el tiempo ni el momento para recibirlo.
Es curioso remontarme a los primeros dos meses del 2k17, puesto que por lo que recapitulo y releo de mis propias palabras sólo podría tener un mismo rostro (uno no muy amigable). Quería sacar de mi diccionario existencial las palabras fe, y esperanza. Quería ir por el mundo deseando y sabiendo que ocurriría lo peor, lo más malvado. Porque solo "yo sufría", porque sólo "a mi me iba mal", y sólo yo era presa de la soledad y de no se correspondido por el chico del que me fijé en ese momento.
No fue hasta el cumpleaños de Gregorio en Febrero, que me di cuenta que antes de gritar, morder y perdir algo a la buena fe de este Universo, hay que agradecer. Siempre hay que agradecer que se está vivo, así como también hay que agradecer cada lágrima que nace sin importar el origen, pues ya sea desdicha, soledad o desamor. Si uno espera que ese mal tiempo germine eventualmente en aquello que uno desea, debe ser paciente. A pesar de mi mala racha emocional yo quería ser una buena persona, un ser que tuviera paz en todo lo que hiciese, sin embargo, ganó ésa parte de mi que me hace sentir inferior que todos,junto a las idead de que no hago nada bien y no soy deseado en ningún lugar.
Los temores que siempre me han aquejado movieron internamente un deseo de autonomía y obtener dinero con el cuál pagarme un gimnasio y un nutriologo, pues creía que ya era suficiente de ser una "gorda" (literalmente, en mi diario escribí esa palabra). Trabajé para una Afore llamada Sura como telefonista. Recibía llamadas de toda la república mexicana en la cuál podía dar asesorías, estatus sobre trámites y documentos necesarios para realizar acciones sobre las cuentas individuales de ahorro para el retiro de las personas. Me sentía muy a gusto, porque cada día de capacitación me permitieron conocer muchísimo más de un mundo que ignoraba. Además, en la misma capacitación estaba el chico que me robaba el sueño esos días, y que al que yo le exigía al universo lo convirtiera e hiciera mío.
Los temores que siempre me han aquejado movieron internamente un deseo de autonomía y obtener dinero con el cuál pagarme un gimnasio y un nutriologo, pues creía que ya era suficiente de ser una "gorda" (literalmente, en mi diario escribí esa palabra). Trabajé para una Afore llamada Sura como telefonista. Recibía llamadas de toda la república mexicana en la cuál podía dar asesorías, estatus sobre trámites y documentos necesarios para realizar acciones sobre las cuentas individuales de ahorro para el retiro de las personas. Me sentía muy a gusto, porque cada día de capacitación me permitieron conocer muchísimo más de un mundo que ignoraba. Además, en la misma capacitación estaba el chico que me robaba el sueño esos días, y que al que yo le exigía al universo lo convirtiera e hiciera mío.
Trabajar en un lugar dónde podía ayudar a las personas que se dejaran me reconfortaba demasiado, a pesar de que el trabajo empezó a ponerse demasiado exigente en los procesos de calidad. Por lo cuál mi afán de ser útil, y que podía hacer una diferencia en alguien despertó un deseo en mi de abandonar la escuela, de darle la espalda a mis compromiso universitario para darme un tiempo, pues creí merecerme un año sabático en el cuál pagarme lujos que no podía exigirle a mis padres, quienes sin dudarlo me siguen apoyado económicamente en lo que culmino mis estudios.
Ahora, tiempo después de esos meses me doy cuenta que sólo quería huír de lo que más amaba: bailar. Esa opción era una meseta muy ilusa y traicionera. Traicionera porque, aunque ayudar a las personas era maravilloso, también mi cuerpo me pedía que bailara, que me moviera, que me enamorará nuevamente de las palabras de Israel Chavira. Internamente quería volver a su clase, y decirle que no abandonaría su materia, que lo había pensado bien y le iba a dar prioridad a mis estudios. Sin embargo no fue así y con el dolor más grande de mi existencia renuncié a su materia para poder trabajar.
En Marzo, me encontró un poco de equilibrio para mi caos emocional pues tuve la oportunidad de realizar uno de mis sueños más grandes que tenía desde que iba en la secundaria. Viajé a la ciudad de México para escuchar el concierto que Björk dio en el auditorio nacional, un lujote que sé no hubiera podido pagarme si no hubiera trabajado en esos meses, ya que, a pesar de que mi tía pagó en principio la totalidad del boleto, con cada quincena que paso después de la compra, le pague lo que me prestó.
Sin duda el universo se compadeció de mi, y me regalo una experiencia que llevaba esperando, y, con la que literalmente, había soñado un par de veces. Nunca tuve ninguna duda de la capacidad musical o vocal de Bjork, pues en más de una ocasión su música salvo mi integridad humana, pero, me dí cuenta que, a veces en la vida, los sacrificios llevan a una gran satisfacción. Y aunque sufrí pagar el boleto después de haberlo comprado por lo caro que salió, fui un alma intensamente feliz en ese concierto. Lloré la mayor parte y sin duda una de mis favoritas fue StoneMilker, Family, Aurora, Pluto, I've seen it all y Bacherlorette.
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