cualquiera que me conozca...
Cualquiera pensaría que me he sumergido en la tristeza, pero pocos sabrán que me invade en realidad la nostalgia. Me he puesto los audífonos mientras viajamos en coche al campo donde entre montañas, neblina y lluvia viví mi juventud.
Saco ligeramente mi cabeza por la venta del coche para sentir la brisa. Está anocheciendo y el crepúsculo viene cargando las primeras estrellas al horizonte eterno. Estamos llegando a mi hogar; ese lugar íntimo dónde le di la la primera calada a mi primer cigarrillo junto a mis vecinos, dónde siempre impera el olor a naturaleza verde, o dónde el Sol al amanecer no quema sobre mi piel.
Escucho una risa de pronto, es la mía.
Aquí todos los sentidos se multiplican, y mientras camino llega a mi memoria el recuerdo de mi primer chico, del sudor en nuestros cuerpos, o sus besos cuando me mordía. También llega a mi pecho la sensación de despertar y darme cuenta que me está mirando con sus ojos llenos de alegría.
Calor. Eso siento en mi pecho y rápidamente invade todo mi cuerpo. Los recuerdos son como el fuego de una braza, y mi corazón latiendo se convierte en el aire que sopla para mantenerlo vivo. A la vez que comienzo a correr, pues me llega la necesidad de llegar al lago para observar como la tranquilidad del agua se convierte en ondas expansivas tras lanzar una piedra en su calma.
En ese paisaje, de vaivén acuático puedo mecerme...
En ese paisaje, de vaivén acuático puedo mecerme...
Cualquiera que no me conozca pensaría que estoy al borde del abismo, dónde las lágrimas me volverán loco...
cuando realmente estoy disfrutando lo que siempre he procurado llamar hogar.
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