Antes de dormir.
Mientras estoy sentado aquí, esperando los síntomas del sueño me pongo a pensar y como es común en mí, a escribir. Doy círculos en mi cabeza mientras escucho una pieza de Max Richter inspirada en el las etapas del sueño, la portada del cd tiene la imagen una luna llena. Blanca.
Las entrevistas sobre el porque de la sinfonía que había compuesto, Richter sólo dijo que desde niño siempre se sintió abstraído hacía el mundo del inconsciente. Yo que he escuchado algunos discos más de él puedo confesar que tiene mucha razón en que su música te transporta a un lugar distinto, como si estuvieras dentro de tí, pero también de él. Como si así pudiera conectar los mundos oníricos de los otros al suyo.
Lo que yo vivo con este disco es un gran deseo de correr.
Pero un correr simbólico, como con un deseo de penetrar la dimensión que me mantiene cuerdo. Quiero vaciarme, navegar lo glaciar de mi y nunca volver a enfermarme de razones. Me pregunto sí es normal añorar la locura al mismo tiempo en que deseo arrancarme esta piel que me sobra.
En los sueños no me preocupa ser feliz, trascender, amar o ser amado, ni mucho menos respirar. Despierto me preocupo hasta por la intención de hacer cosas que nunca realizó. Algunas malas, otras bastante buenas, como ser más responsable conmigo mismo y hacer ejercicio, o como un maestro nos platica en clase, hacer de nosotros un cuerpo comprometido a la fisicalidad.
¿Curioso no?
Mientras más escucho la pieza who's name is written on watter o nor earth, no boundless sea, más quiero hundirme. Como cuando por primera vez sientes el agua de una piscina, o el mar.
A lo mejor ahogarse en uno de estos sea un pase directo al ovulo dentro de una matriz que será fecundado para dar una nueva vida, o sea, una segunda oportunidad. Tal vez el morir mientras estás suspendido en la inmensidad crisálida, transparente es como cuando resides entre el líquido amniótico de la madre.
Quiero pensarme como agua y viento. Nunca como tierra, y alguna vez como fuego.
En agua, porque transmuta, y si me muero ahogado en ella será como renacer.
En aire, porque siempre se mueve, nunca para.
En fuego porque inclusive el agua, puede que no lo contenga (y sí, estoy consciente de la incompatibilidad física, pero quien carajo dijo que para la metáfora y lo espiritual uno debe ser fiel a las leyes de la naturaleza?)
En tierra nunca, porque a pesar de que da vida, ella luego nos reclama. Nos vuelve polvo, ya que nacer del suelo es una deuda que eventualmente pagamos. Ni hablar de su quietud, de su inflexibilidad y de como ella misma se pudre en sí.
Me salí un poco de tema, pero que es de esta vida sin riesgos, sin girar equivocadamente y toparse con un chico guapo que te sonríe.
Lo que importa es eso.
Que corras, ya sea dormido, o despierto.
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