Lo más curioso que tiene este viaje es que a pesar de que creí que estaba destrozado en el principio, hoy me doy cuenta que no fue así. Al contrario, mi cuerpo ya estaba preparado para decirle adiós a todo aquello que me robase las ganas de soñar, de respirar y de querer algo o alguien que no me atara a un suplicio seguro. Hoy termina mi luto, el periodo para despedirme de lo bello que compartí con la persona que creí que el amor era infinito, o con la que creía que el universo no era tan grande al coincidir de la manera en que lo hicimos. Hoy después de cuarenta días y noches, cierro el ciclo para dejar de llorarlo, o para tenerlo arraigado a mis pensamientos, palabras y sentimientos. A partir de hoy trabajaré en la proyección de su nombre como alguien que FUE especial, que ha decidido zarpar sus alas en otro horizonte dónde ya no puedo volar más. Al finalizar el año pasado, que en momentos no fue más que una mierda, agradezco por igual todo lo bueno, desde lo material hasta la...