... No a lo inmutable.
Creo existir como río interminable, recorriendo el universo mismo. No me apetece, ni me interesa que alguien navegue mis aguas, al menos ya no. Hubo un tiempo en que temía que nadie notase la belleza existente en mis paisajes, hoy entiendo que no puedo seguir esperando a que un barco que desee cruzar mar de continente a otro se aventure a navegar un charco angosto. Ya no envidio los árboles, ni la tierra, ni los animales que vienen a beber de mí.
He comprendido que me es mundano aquello que tenga que ver con fidelidad, compromiso o amor puesto que así como nadie puede obligarme a cambiar el curso de mis aguas, no estoy dispuesto a pudrirme en una presa, o convertirme en lago pues en la quietud uno se condena a lo inmutable. Soy agua, por lo tanto moldeable, incapaz de quedarme igual.
Estoy dispuesto a ofrecer vida, momentos tenues o instantes perdurables para quien decida sólo entrar a mi dominio y salirse al poco rato. También deseo convertirme en el escondite perfecto, o el paisaje ideal al cual fugarse para aquellos que sufran de estrés, la prisión, o como ya dije: lo inmutable. Puedo ser reflejo del cielo, o del que observa y también sólo líquido manchado de tierra, sé que alguien querrá algún día quedarse, pero ya me tocará a mi permitir su estancia a mi templo sagrado, o si deba ahogarlo en mi pasado...
Sólo algo tengo seguro, el universo me espera y la danza de la Luna con Neptuno me fortalecen para trascender en lo inmenso.
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