Carta a Goyo
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Te regalaría el reino de las luciérnagas para que no te aceche la noche, tal vez así la melancolía que a veces te contagia sin pedirte permiso no llegue a ti. Te llevaría a navegar el mar dónde flotan narcisos y margaritas, sobre aguas cristalinas, esperando que jamás olvides el paisaje y siempre lo recuerdes en los momentos más difíciles de tu existencia.
Intentaré eventualmente enseñarte a bailar, aunque para ser honesto preferiría que fueras tu quien me enseñará a mí. Tengo un ejemplo, tu espontaneidad. Soy un roble incapaz de romper mis propios esquemas y límites, tu te me presentas a mi como un torbellino, sin dirección alguna y rigiendote bajo tus propios giros. Deberíamos pilotear algún avión en busca de una mejor tierra donde ni tu, ni yo salgamos tan jodidos de esta hiriente realidad que nos traga sin piedad.
Espero Goyo, que si no es en esta vida eventualmente mientras se desenvuelven nuestros futuras existencias, nos encontremos para amarnos con una fuerza tal como el carbón ardiendo. Ansío ser ya ese próximo yo, observar tus labios y escucharte reír. Ojalá que en ese universo no nos encontremos veinte años tarde y que tampoco haya tierra marcando distancia entre nosotros...
Confió que algún día pueda colgarme de esa hermosa sonrisa tuya para mecerme y dormir sin temor al mañana. La brisa de tus abrazos tiene la fuerza de una gran tormenta, que se siente como un hogar cálido. A tu lado es imposible tener miedo o no confiar en uno mismo, pero sin ti preferiría no escribir más.
Te regalaría el reino de las luciérnagas para que no te aceche la noche, tal vez así la melancolía que a veces te contagia sin pedirte permiso no llegue a ti. Te llevaría a navegar el mar dónde flotan narcisos y margaritas, sobre aguas cristalinas, esperando que jamás olvides el paisaje y siempre lo recuerdes en los momentos más difíciles de tu existencia.
Intentaré eventualmente enseñarte a bailar, aunque para ser honesto preferiría que fueras tu quien me enseñará a mí. Tengo un ejemplo, tu espontaneidad. Soy un roble incapaz de romper mis propios esquemas y límites, tu te me presentas a mi como un torbellino, sin dirección alguna y rigiendote bajo tus propios giros. Deberíamos pilotear algún avión en busca de una mejor tierra donde ni tu, ni yo salgamos tan jodidos de esta hiriente realidad que nos traga sin piedad.
Espero Goyo, que si no es en esta vida eventualmente mientras se desenvuelven nuestros futuras existencias, nos encontremos para amarnos con una fuerza tal como el carbón ardiendo. Ansío ser ya ese próximo yo, observar tus labios y escucharte reír. Ojalá que en ese universo no nos encontremos veinte años tarde y que tampoco haya tierra marcando distancia entre nosotros...
Confió que algún día pueda colgarme de esa hermosa sonrisa tuya para mecerme y dormir sin temor al mañana. La brisa de tus abrazos tiene la fuerza de una gran tormenta, que se siente como un hogar cálido. A tu lado es imposible tener miedo o no confiar en uno mismo, pero sin ti preferiría no escribir más.
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