Esquinas.
He estado llorando en las esquinas, la incertidumbre de no haber roto -o entendido- que los milagros si pueden ocurrir (hasta para adefecios como yo) pero que, la magia solo dura tanto como una respiración entre cortada. ¿Cuántos golpes debo darme contra la pared para arrancarme la esperanza de que sí puedo ser feliz? No es que se pueda engrandecer, ni ampliar un copo de nieve, ni una hormiga. Las lágrimas no me ayudan, pero les encanta recordarme que duele, que deseo arrancarme este cerebro podrido. diseccionarlo, machacarlo, freírlo, o volverlo polvo. Ya no quiero que nada me importe, ni sentir afectos. Quiero ser monstruo de piedra, una bestia, un silencio perpetuo. Quiero volverme océano. Devenir en olas y no ser alcanzado, sino ser deseado, ser codiciado y que todos se mueran por ser mis dueños, pero que jamás le perteneceré a nadie, ni nada. Quiero verlos sufrir mientras existo.