Oda a la confianza.
Me parece sorprendente todo lo que tengo que hacer para escaparme del dolor, por ejemplo, tuve que tragarme mi orgullo, mis ideas, mis pendejadas malvibrosidades, para sobrevivir bailando y enajenando mi cabeza aunque sea por una hora y media en clase. Estrategias para mantenerme neutral, para olvidar que nunca es suficiente en esta jodida vida. Quiero bailar más, hacer varias clases para ver si sudando logro expulsar esta pinche desilusión que me carcome sin piedad. Mientras otro cabrón se acurruca sobre los brazos de mi agresor, riendo sobre lo que me hizo, cuando yo estoy aquí tirado en una esquina, sobre cemento queriendo ser polvo. Es triste. Antes podía esconderme del miedo y el dolor entre los sonidos que las teclas del piano sueltan al aire, ahora cuando mis dedos caminan sobre las banquetas blancas y negras, me parecen más bien nostálgicas. Al borde de la histeria, al borde de arrancarme la horrible voz que tengo, para vomitar lo muerto en mí: la confianza. Ni las letr...